¿Que es egoismo sano?
En un blog anterior (amor propio) hemos hablado sobre un amor propio y como eso perjudica a nuestros relaciones con los demás (no tiene importancia sí es con nuestros novios, amigos, vecinos o hijos, etc.). Una de las maneras de respetar nuestros necesidades, gracias a que los demás recibieran una versión más valiosa de nosotros es un “egoísmo positivo”.
La escuela de psicología Gestalt expone tres principios que deberíamos entender:
- Para poder dar, primero hay que darse a uno mismo.
- Para poder querer, primero hay que aprender a quererse.
- Para poder entregar, primero hay que entregarse a lo que cada cual es y necesita.
Una vez escuchando una charla sobre amor alguien ha dicho:
“Con amor es como prestar a alguien 100 000 euros sí no las tienes no puedes darles ni prestarles a nadie”
Si no somos capaces de reconocer nuestras prioridades, tampoco podemos identificar y satisfacer las de los demás. El cuidado desde la carencia es como una cáscara vacía: la persona se empeña en ofrecer algo que en realidad no tiene. A menudo, se emplea la imagen de intentar servir agua con una botella vacía. Veamos un par de ejemplos prácticos de esta actitud que nace de la baja autoestima.
- Tengo ganas de estar solo, pero iré a esta fiesta para que nadie se enfade
- Me gustaría hablar con un buen amigo, pero no quiero molestarle con mis problemas
Cuando el egoísmo positivo entra en acción, nos damos permiso para hacer aquello que nuestro cuerpo, mente y espíritu demandan. Algo que nos corresponde darnos, sin pensar que estamos quitando nada a nadie. Al respetar nuestros deseos, nuestras necesidades y nuestro tiempo, nos permitimos ser auténticos y con ello los otros recibirán una versión más valiosa de nosotros mismos.
La autoestima depende de la confianza que tenemos en nuestro talento y autenticidad. Será mayor o menor, por lo tanto, en función del amor que sintamos por nosotros mismos y de nuestro grado de aceptación y apoyo.
Amarnos a nosotros mismos requiere tomar conciencia de nuestros deseos y no escuchar las criticas y las adversidades, dos de los martillos que ponen en tela de juicio nuestra autoestima. Cada vez que alquilen nos cuestiona o cuando las cosas no salen como habíamos previsto, nuestra tendencia natural es a revisar el propio valor. Sin embargo, nuestra reacción a estas situaciones dependerá también de cómo hayamos trabajando el amor por nosotros mismos. Una persona acostumbrada a escucharse y respetarse posee una capacidad de amortiguar los contratiempos mucha mayor que la que vive en la ansiedad de obtener la aprobación ajena.
Fuente: Salud y cuerpo
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